miércoles, 19 de mayo de 2010

Para ella...(algo que escribí hace como 6 años)



Todo empezó un día en el espejo, cuando ella detalló aquel reflejo vacío y confuso. Se dio cuenta de lo que era, y en lo que se estaba convirtiendo. Sus ojos le gritaban buscar una respuesta porque poco a poco iban construyendo en ella una mascara de dolor. Ella buscó respuestas para las inexplicables sensaciones que sintió aquel día en que quería que su alma escapara, y que consiguiera al fin la libertad; al elevarse la vida de aquel pedazo de carne flagelada y violada, saturada de heridas que no sabía como expresar.

Ella quería que su cuerpo se quedara a solas, que se fueran los recuerdos y los pensamientos que la golpeaban brutalmente dejándola sin aliento. Tan sólo que su estela de vida saliera por aquellos poros, ya que su piel la encarcelaba pagando la pena de sentir como desgarraban sin piedad su pecho, de una manera que parecía que la mataban una y otra vez.

La esencia de su recuerdo, que al solo imaginarlo, le hacía revolcarse entre la fantasía. Facilmente la movía a su antojo, y con esas manos ajenas provocaría el despertar de su cuerpo, tejiendo en su piel el bordado de la angustia y el deseo ...esas huellas que se estamparon para siempre.

A veces, su presencia, ante sus ojos cerrados, y ella tratando de abrirlos para convencerse, pero no fue más que un sueño, empecinado en darle esperanza por unos segundos en medio de su imaginación. Parecieran ser toneladas cayendo lentamente sobre los hombros, comparables a lágrimas infinitas que le pudiera regalar a toda la existencia. Atormentada pesando en él, cuando una respiración no alcazaba a la otra y su corazón vibraba sin ritmo pero con la más hermosas de las melodías de fondo.

Su cuerpo esta fatigado y delira a gritos que se disipe la tormenta de su rostro, que se evaporen las voces, los recuerdos, haberle conocido y haberle perdido, el silencio de su ser y como de costumbre su cuerpo atado por la tristeza cuando definitivamente pensar y sentir, es el peor sentimiento.

POR: Elena Prado (2004)

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